sábado, 31 de marzo de 2012

Capitulo 10 - "Escabullirse"

Ese día me quede completamente enclaustrada, no salí y por más que Cristina insistió para que buscara a Franco, no lo hice. Me moría de vergüenza el solo pensar en tenerlo frente mio ¿que le diría?... aunque no contaba con mucho tiempo, al otro día debería verlo de igual forma, más que mal era mi compañero de clases.

Pase la noche completa sin poder pegar un ojo, me di vuelta de un lado al otro, me falto poco para fumarme un cajetilla completa de cigarros, los nervios me estaban matando y no quería ir a clases. Sentí como Cristina se levanto, al rato comenzó a tratar de despertarme, yo me hice la dormida mientras ella seguia insistiendo.

-¡¡¡Vamos!!! despierta-
-Noooo, no quiero ir-
-¿Y que quieres que diga ahora?-
-Di que sigo enferma-
-Querrán mandar un doctor-
-Pues que lo manden-
-Martina, no estas enferma-
-No quiero ir a clases-
-No podrás ocultarte para siempre, tarde o temprano deberás dar la cara-
-Prefiero que sea más tarde que más temprano-
-No seas boba-
-Esta bien, esta bien, ya me levanto-

Me vestí aun poco convencida de ir, realmente no sabía que pasaría, me sentía caminando por una cuerda. Cuando llegue al salón él estaba conversando con otros chicos, note como uno de ellos le daba un codazo y  él levanto la vista. Al verme comenzó a acercarse, yo camine hasta mi puesto sin mirarlo, me senté, al segundo él estaba a mi lado "¿estas bien?" me dijo, pero antes de que le pudiera contestar, entro el maestro así que no pude hablar. Normalmente las horas de clases se hacían largas para mi, hoy me paso todo lo contrario, mientas los minutos pasaban velozmente, podía sentir como me miraba intrigado, también notaba como los demás se daban cuenta de nuestra tensión. El timbre no hizo más que sonar y él se giro hacia mi.

-¿Estas bien?- Volvió a preguntar.
-Estoy bien- Le dije.
-Ayer no viniste, pensé que te podría haber pasado algo, yo... este... fui a verte pero... estabas dormida-
-Sí, estaba algo agotada, no había podido dormir bien durante las ultimas noches- Diablos por que dije eso.
-¿Por que?-
-Eso no es tu problema- Le dije a la defensiva ¿que otra cosa le podía decir? ¿que no había dormido por que me pasaba horas pensando en como me había encarado? ni aunque mi vida dependiera de decir eso lo aceptaría.
-Bien, por lo que veo volviste a la normalidad-
-Así es y sobre lo de la otra noche...-
-...No le he dicho nada a nadie y tampoco lo haré-
-Bien-
-Pero me gustaría preguntarte una cosa, si te parece-
-Pregunta, veré si te contesto-
-Bien, este... Las cicatrices que tienes ¿te las hicieron acá?- Me quede helada, no pensé que me preguntaría eso.
-No te contestare eso-
-Bien, eso solo me demuestra que no fueron acá-
-¿Como sabes?-
-Pues si fueron hechas acá no creo que te importen tanto como para admitirlo, en cambio si son de...-
-...Para ya con tu psicología absurda-
-¿Me lo negaras?-

Me quede un tiempo callada, algo en mi interior no me dejaba mentirle y tampoco deseaba hacerlo, pero no me sentía a gusto hablándole sobre este tema, era algo demasiado mio y no quería compartirlo. Por la puerta de la sala se asomo la madre Ester. 

-Martina, te buscan-
-¿A mi?-
-Si niña, acaso hay otra Martina en el salón- Dude que pudiera ser yo, jamás había recibido visitas en este año y solo una persona podía venir a visitarme, pero me contaba creerlo.
-¿Quien es?- Pregunte incrédula aun de que mis expectativas fueran correctas.
-Tu padre-

viernes, 30 de marzo de 2012

Capitulo 9- "Desarmada"

Al abrir los ojos note que estaba en mi cama, estaba tapada con una de las frazadas que suelo dejar en una silla que da a la ventana, por esta entraba el sol, al parecer era tarde, me di la vuelta para ver la hora en el reloj que tenía en el velador, eran las 4 de la tarde. En la habitación no había nadie más que yo, seguramente Cristina había dado una excusa por mi falta, volví a acostarme y taparme. Intente recordar que había pasado anoche pues lo ultimo que recordaba era... ¡Demonios! ¿que es lo que había hecho?, me había dejado en evidencia delante de mi enemigo ¿como podía haber sido tan idiota?... Quería que la tierra se abriera y me tragara, comencé a hiperventilar sin saber que hacer, volví a sentarme para beber un poco de agua, trate de respirara despacio. ¡Dios! no podía creer que él había visto mis marcas, que me había visto llorar, seguramente ya toda la escuela lo sabía, lo débil que en verdad era, todos estarían riéndose a mis espaldas, Cristina debió dejarme dormir para que no notara las burlas que los demás deben estar haciendo sobre mi.

Desesperada me volví a meter a la cama y me tape hasta la cabeza, no quería salir de la habitación, no quería que nadie me viera, pero entonces sentí como la puerta se abría.

-Ya basta, te dije que esta bien- Era la voz de Cristina ¿Pero con quien hablaba?
-¿Estas segura? si esta bien ¿porque no fue a clases?- Era la voz de Franco
-Eso no es asunto tuyo, ya lárgate-
-Esta bien, pero cuando despierte dile que me busque, quiero hablar con ella-
-¿Y porque crees que le daría tu recado?-
-Ok, entonces me quedare aquí hasta que despierte-
-Esta bien, rayos, bien le diré que te busque, ahora lárgate-
-¿Quieres que yo también envíe algún recado?-
-Ya vete- Sentí como lo empujo y cerro la puerta -Maldito idiota, porque tenía que ser su amigo, demonios ¡en que líos me había metido!- Asome mi cabeza entre las sabanas para mirarla.
-¿De que hablas?- Cristina se sorprendió.
-Dios, que susto ¿estas bien? ¿hace cuanto estas despierta? ¿Te despertamos nosotros? lo siento, no quise hablar tan alto, pero ese tipo no se da por vencido-
-¿Era Franco?-
-Si, esta preocupado por ti- me dijo, levantando una ceja y sonriéndome.
-¿Porque?-
-¿Como porque? anoche te quedaste dormida sobre él, luego te cargó hasta acá y tu no despertaste esta mañana, anoche te vi tan débil que creí que no estabas bien por lo que no te desperté, dije que tenias fiebre ¿Que fue lo que paso anoche?-
-¿Como que fue lo que paso? ¿Es que acaso no lo sabes?-
-Claro que no ¿Como lo sabría si acabas de despertar?-
-¿Él no te dijo nada?-
-Me dijo que no te había hecho nada, pero más que eso no, dijo que tu me lo contarías luego-
-¿O sea que nadie sabe nada?-
-Me puedes decir que demonios paso anoche, todo esta vuelto de cabeza, él preocupado por ti y tu con él-
-No, yo con él nada-
-¿Como nada?-
-Nada, así de simple, anoche solo fueron malos entendidos-
-¿Que tipo de malos entendidos?- La quede mirando un segundo, ella me estaba pidiendo explicaciones, ella que no había llegado anoche, si hubiese estado nada hubiese ocurrido.
-¿Donde estabas anoche?-
-¿Que?- Vi como su rostro se descompuso
-¿Que donde estuviste anoche? Si salí sola es porque tu no estabas aquí, vamos dime ¿donde estabas?-
-Yo... andaba... solo salí a caminar-
-¿Durante más de dos horas?-
-Necesitaba despejarme-
-No me mientas- le dije y ella desvió la mirada.
-¿En que andas Cristina?-
-En nada, no es nada malo, solo que me gustaría mantenerlo para mi-
-Pero Franco lo sabe-
-No se lo dije yo-
-O sea que otra persona lo sabe-
-¿Porque cambias el tema? estábamos hablando de ti-
-¿Quieres que te cuente? bien pero luego tu debes contar-
-Esta bien- 
-Bien, anoche me fui para ver si llegaba alguien, la verdad necesitaba salir de la habitación, te espere unas dos horas pero no llegaste así que me fui, después de un rato de estar ahí sola llegó este tipo, con un saco lleno de mercadería, sabía que no podría convencerlo como a los demás así que le dije que no estaba haciendo tratos esa noche, pero no me hizo caso, cuando me quise marchar me tomo de un brazo y al tirar se me salio el chaleco, comprenderás que vio mis brazos y yo como una estúpida no supe que hacer, comencé a llorar como una loca y después...- me quede en silencio recordando lo que había pasado.
-Después... ¿que?-
-Bueno, después el me cubrió con el chaleco y me abrazo-
-¿Te abrazo?-
-Si... y yo a él, aunque no pare de llorar... no recuerdo más que eso-

Él me había consolado, me había abrazado y me había acariciado... Él no se burlo, al contrario, me ayudo... Dios ¿y eso que significaba? ¿como lo iba a mirar a la cara? No podía verlo, no estaba preparada para eso. Me adentre tanto en mis pensamientos que se me olvido que Cristina debía contarme donde había estado, pero la verdad es que en estos momentos no podía pensar en otra cosa que en la noche pasada. Me sentía indefensa como un cachorro herido bajo una intensa lluvia. 

Capitulo 8 - "Enigma"

Franco

La tenía sujeta contra mi cuerpo, ella trataba de librarse pero yo no la dejaría tan fácilmente. Tenía su rostro cerca del mio y veía en sus ojos la rabia y la impotencia que sentía, nunca me había fijado realmente en lo bella que era. Sus ojos eran verdes, del mismo color que los de su hermana, su cabello negro caía por sus pómulos llegando hasta su cintura y sus labios eran gruesos y delineados pintados de rojo lo que los hacían más apetitosos, sin darme cuenta sentí el deseo de besarla y me desconcentre, ella logro soltarse de mi y en un acto reflejo tome la manga de su chaleco, al tirar de él se le salio. Debajo de este llevaba solo un peto negro de tiritas, ella se quedo parada como una piedra, luego trato de cubrirse, al principio no comprendí por que su mirada era de pánico hasta que me fije bien en sus brazos, ambos estaban cubiertos por cicatrices, algunas eran más profundas que otras, se notaba que eran de hace mucho tiempo, no sabría decir si eran de antes de llegar al internado, aunque yo diría que sí, jamás había sabido que las monjas golpearan tan duro como para dejarte esas secuelas. 

Me encontré sin saber que hacer, ella al notar que la había visto se ruborizo y me dio la espalda, al hacerlo pude ver que las marcas se extendían hasta que el peto los cubría. Vi su chaleco en mis manos y sentí la necesidad de entregárselo, no se si me dio lastima o me sentía culpable. Un suave sonido comenzó a extenderse por la habitación, al principio no supe que era, hasta que note de donde provenía. Ella estaba llorando. Había esperado por esto durante la corta estancia en este lugar, había deseado verla así, indefensa y sin fuerzas de contraatacar, sin embargo lo que sentía ni siquiera se asomaba a la felicidad que suponía me invadiría el día en el que la viera así, al contrario. De pronto sentí la necesidad de calmarla y consolarla, no supe como ni en que momento comencé a caminar hasta ella y le coloque el chaleco sobre su espalda, ella levanto su vista para mirarme asombrada, su rostro estaba manchado con surcos de las lagrimas que descendían por el, con mi mano le limpie los que pude y luego la abrace. "Tranquila, shhh, no es nada" le dije acariciándola despacio en su cabeza, en cuanto la toque ella comenzó a sollozar más fuerte y entonces me abrazo, al principio quede un tanto perturbado, quise mirar su rostro pero ella lo había ocultado en mi pecho mientras seguía llorando, de apoco comenzó a perder las fuerzas así que opte por sentarnos en el suelo, apoyando mi espalda en una muralla y dejándola a ella apoyarse en mi. 

Después de unas horas su llanto venció para dejarla durmiendo sobre mi regazo. ¡Dios! ¿como había cambiado todo tanto? siempre la vi como una cabra chica inmadura y con problemas claros de personalidad, pero ahora me daba cuenta que si ella era de esa forma es por que algo debía de haberle sucedido, jamás pensé que la tendría así entre mis brazos, acunándola y menos consolándola, la miraba y sentía que debía protegerla, pero era claro que no era de aquellas mujeres que se dejaban proteger, seguramente ella sentía que debía proteger a todo el mundo. Me intrigaba pensar en las marcas que había visto en sus brazos, me preguntaba si recorrían todo su cuerpo, eso explicaría por que siempre andaba tan tapada, pero si era ese el motivo, no concordaba con su fama de haberse acostado con medio internado, de hecho ¿como era posible que nadie comentara lo de sus marcas, si es que habían tenido sexo con ella? era lógico que no era algo de lo que te puedes olvidar tan fácilmente. 

Las horas pasaban y yo no sabía bien lo que hacer, no podía dejarla aquí pero tampoco podíamos quedarnos, tarde o temprano nos descubrirían. La noche estaba helada y ella comenzaba a tiritar, por lo que me saque mi chaqueta y la tape con ella, mientras la miraba acariciaba, su cabello y sus brazos, esto había cambiado todo lo que pensaba de ella, sin dudas que realmente era un enigma. Mientras la acariciaba sentí un ruido proveniente de afuera, la tome fuerte he intente pararme para escondernos, pero no fui lo suficientemente rápido, la puerta se abrió y por ella entró Cristina.

-¡Dios! por suerte eres tu-
-¿Que diablos le hiciste?- me grito y corrió hasta mi.
-Nada, no le he hecho nada-
-¿Pero, esta inconsciente?- me miró con cara de pocos amigos.
-No, solo esta dormida, ya te explicara ella, ahora ayúdame a sacarla de aquí, yo la tomo en brazos y tu vigilas que nadie nos vea, la llevare a su pieza-
-Estas loco, si te ven ahí te castigaran-
-¿Y bueno, tienes otra mejor idea?-
-¿Te vas arriesgar a un castigo por la persona que te ha hecho pasara por varios?-
-Vas a ayudarme o no-
-Esta bien- Me dijo.

Tome a Martina en brazos ella se acomodo y siguió durmiendo, atravesamos los pasillos hasta su cuarto sin ningún problema, se notaba que Cristina ya estaba acostumbrada a hacer este trabajo, pues sabia precisamente por donde pasar, entramos a su pieza, me mostró cual era su cama, así la coloque encima, acto reflejo busque algo con que taparla, luego me quede un poco mirándola sin saber que hacer, le acaricie el cabello por ultima vez, tome mi chaqueta y luego me di vuelta para salir de la habitación, me encontré con Cristina que me miraba fijamente "¿que?" le dije, a lo que ella solo levanto los hombros y me sonrío. Luego me marche.


Capitulo 7 -" Una vida en soledad"

Después de aquella conversación con mi hermana, las cosas volvieron a la normalidad. No volví a hablarle y ella tampoco a mi, a Franco no lo volvieron a ver a su lado, por lo que no fue necesario encargarme de él. En clases debíamos seguir sentándonos juntos pero yo ni lo miraba, terminada cada clase me levantaba de mi asiento y salia velozmente, él por su parte trataba de hacer sus trabajos con otras personas y ni siquiera se molestaba en dirigirme la palabra, las cosas iban mejor, pero algo había en mi que no me hacia sentir bien.

Los días avanzaban y la monotonía volvía a ser parte de mi vida, a veces deseaba que pasara algo nuevo, pero ya nada cambiaba. Aun me costaba dormir, solía levantarme temprano y quedarme pensando sobre como hubiese sido mi vida de no haber muerto mamá, el que ella no estuviese aun era algo que yo no asumía, ella me hacia falta, deseaba poder sentarme a hablar con ella, decirle lo que me pasaba, tal vez poder llorar tranquila en su regazo. Después de su muerte pase a estar sola, mi padre nos abandono por su nueva mujer y yo me aleje de mi hermana, ahora no tenía a nadie y como necesitaba de alguien que me abrazara y me contuviera, que me dijera basta de lastimarte a ti misma, que me sacara de esta vida de mierda que estaba llevando.

Hoy me tocaba conseguir mercadería, si bien ya teníamos bastante, ahora lo hacia para poder salir de la recamara, no quería estar ahí y menos que mi cabeza se pusiera a pensar. Espere a Cristina cerca de dos horas pero no apareció por lo que decidí marcharme sola, al fin y al cabo podría arreglármelas bien, todo sería igual que siempre.

Llegue al salón donde esperaba a los que venían a cerrar tratos, aun no llegaba nadie, por lo que entre, me senté y encendí un cigarrillo, mientras con mis dedos tamborileaba la mesa, me peguntaba donde se había metido Cristina, desde hace unos días que andaba extraña, pero jamás le pregunte nada, bueno después de esto sin duda alguna que debería explicarme. Se me acabó el cigarrillo y comenzó a darme algo de frío por lo que me levante para ver si en las cajas había algo para beber, encontré una botella de vodka así que volvía a sentarme, abrí la botella y le dí un sorbo, volví a encender otro cigarrillo, no por que tuviera ganas, más bien por la costumbre, volví a darle un trago a la botella.

-Esa combinación terminara por matarte- Me sorprendí pues creía estar sola, al girarme para ver quien era lo vi a él, apoyado en el marco de la puerta.
-¿Que demonios haces tu aquí?-
-Bueno supe que tenías una... digamosle "empresa", así que quise venir a hacer negocios contigo- dijo mientras avanzaba hasta mi con un saco sellado, tomo una de las sillas que habían y se la puso entre las piernas para luego sentarse en ella y observarme, después de unos segundos tomo la bolsa y la tiro a mis piernas- ¿Esta bien con eso?- Lo mire a él, luego al saco, sin dudas traía cosas como para un regimiento, lo volví a mirar y levantándome de la silla le conteste.
-Hoy no estoy recibiendo nada-
-Pues me dijeron que cuando estabas aquí, era por que esperabas que vinieran a "negociar" contigo-
-Hoy no-
-Bueno, tal vez no hayas notado toda la mercancía que te traje- dijo observando la bolsa.
-Dije que hoy no-
-¿Porque?-
-¿Porque que?-
-¿Porque hoy no?-
-Por que no, así de simple-
-Bueno a mi no me parece tan simple, traje lo que pides, tu estas aquí, la verdad es que no veo un motivo de peso el cual me haga comprender por que hoy no harás negocios-
-¿Crees que me importa que comprendas? La verdad es que ya estaba de salida- Le dije y comencé a caminar hasta la puerta, sentí como se levanto de la silla y camino detrás de mi, con su mano tomo mi brazo y me empujo hasta él, colocando su otro brazo al rededor de mi cintura.
-No te vas a ir de aquí sin darme mi paga-

jueves, 29 de marzo de 2012

Capitulo 6 -"Acciones necesarias"

Me hirvió la sangre cuando me dijeron que ese estúpido estaba con mi hermana, más cuando agregaron que la estaba acariciando, no me di cuenta cuando tome el encendedor del velador, tampoco cuando salí de la habitación, solo reaccione cuando sentí su garganta entre mis dedos y vi como el fuego del encendedor estaba junto a su oreja. Por fin vi en su rostro la expresión del pánico, pero solo duro un segundo, luego me miro a los ojos confundido, pero no dijo nada "Aléjate de mi hermana, no te quiero cerca de ella, si me entero de que te ven de nuevo a su lado, lo mínimo que te pasara sera ver tu oreja carbonizada, estas advertido" le dije y lo solté.

Me aleje del lugar y las chicas me siguieron en silencio hasta que llegamos a la banca que utilizábamos habitualmente.

-Quiero que lo vigilen, día y noche si es necesario, quiero saber si se acerca otra vez a mi hermana-
-No te preocupes- Me dijo Natacha -Estaré al pendiente, yo misma me encargare si se le acerca-
-No, si se acerca, yo me encargare de él-
-Ok- Me contestaron a la vez
-Además quiero que busquen a mi hermana, hablare con ella-
-¿Estas segura?- Me dijo Cristina.
-Si, estoy segura-
-Yo la iré a buscar- Dijo Anaïs y luego se marcho. 
-Cuando llegue quiero estar a solas con ella, ustedes vean que no venga nadie-

Pasaron unos minutos en los cuales no pare de fumar, este tipo estaba logrando lo que quería, se estaba poniendo en mi camino y si no salia por su cuenta yo misma me encargaría de sacarlo, pero en pedazos. Necesitaba calmarme, pero la sola idea de pensarlo junto a mi hermana, me hacia enfurecerme y querer matarlo. Sabía que lo estaba haciendo solo para molestarme y lo consiguió ahora esperaba que con la amenaza le quedara claro que en este tema jamás seria tan amable como lo he sido hasta ahora, de todas maneras era mejor dejar advertida a Javiera, para que estuviera atenta a cualquier acercamiento de él. Anaïs  llego con mi hermana, esta se sentó a mi lado y las demás se fueron del lugar.

-¿Como estas?- le pregunte.
-¿Me llamaste para preguntarme eso?-
-No-
-Entonces no te vayas con rodeos, hace meses que no me hablas, así que si estoy bien o estoy mal no te importa-
-No digas eso, sabes que si no me acerco a ti es por que es lo mejor para ti-
-Escogiste esta vida tu misma, de pronto cambiaste, te teñiste el cabello negro, te vistes de otra forma, te acuestas con muchos chicos, todo lo escogiste tu, si estamos alejadas es por que tu lo quisiste así, es tu culpa que no sea bueno para mi-
-No todo es como lo ves, solo hago lo que es mejor para ti, debo protegerte-
-No quiero que me protejas, jamás te o he pedido, pero es mejor no discutir el tema, mejor dime para que me llamaste-
-Bueno, la situación es esta, se que se te acercó Franco-
-¿Que hay con él?-
-Lo esta haciendo para sacarme de mis casillas, para dañarme-
-¿A si?-
-Si, quiero que te alejes de él-
-¿Que te hace pensar que es por ti que se acerca a mi?-
-Bueno, hace unos días que...-
-...No todo es sobre ti, a lo mejor quiere ser mi amigo- me interrumpió.
-Javi, eso es lo menos probable que...-
-...¿porque? ¿porque lo dices tu?- volvió a interrumpirme.
-Ya basta con esta discusión estúpida, solo no te acerques a él- Le dije alzando un poco la voz.
-No eres mi madre, ella murió hace años-
-No hables así-
-Si quieres que me aleje de él, bien, solo no me dejes de lado-
-Es lo mejor-
-No quiero lo mejor-
-Lo siento-

Me levante y me fui. Quizás ella nunca comprendiera por que era lo mejor para ella, pero yo lo sabia, lo mejor era tenerme lejos, yo ya me había podrido pero ella sería feliz y tendría algo mejor.


Capitulo 5 -"Falta de sueño"

Esta noche había sido larga, me había tocado convencer a tres chicos de que no eran suficientemente buenos para tener sexo conmigo y que su mercadería no pagaba ni la mitad de lo que yo cobraba normalmente, les ofrecí lo de siempre, que dijeran que lo habíamos hecho y que yo no lo negaría, así se fueron los tres por separados y la noche acabó. Teníamos mercadería para un mes así que podíamos trasnocharnos menos que otras veces así que eso era un alivio. Dormí a penas unas 3 horas, me desperté a las seis y no pude seguir, me levante para tomar agua del vaso que tenia a mi lado, tome los cigarros y me coloque en la ventana, la abrí un poco para que no le llegara el humo a Cristina, que aun seguía durmiendo. Ya habían pasado unos días desde que Franco me había increpado y aun no podía sacarlo de mi mente. Al cerrar los ojos recordaba como me había presionado con fuerza en la muralla, aun sentía sus manos por mi cuerpo y esto me estaba volviendo loca, no porque me molestara precisamente, más bien porque de cierta forma me había gustado. Hace mucho que nadie me tocaba y mucho menos acariciaba, no podía dejar que esto me afectara pero ya lo estaba logrando, ese chico tenía algo que me gustaba pero a la vez me indignaba. Apague el cigarro en la ventana y lo tire, al darme la vuelta Cristina estaba sentada mirándome.

-¿Otra vez sin poder dormir?-
-Estoy bien-
-¿Segura?- Me preguntó, era obvio que algo quería decirme y se lo estaba guardando.
-¿Que quieres decirme? dilo ya-
-Es solo que... no te dije nada aquel día pero ¿Estas bien?- Volvió a preguntar, la mire levantando una ceja- Me refiero a que... él te toco, tu nunca dejas que nadie te toque-
-Por favor, todas las noches me acuesto con distintos chicos-
-Sabes que eso no es verdad, los engañas a todos-
-¿Estas del todo segura?-
-Si, lo estoy, tu eres tan virgen como tu hermana, yo podría decir que tengo más experiencia que tu en ese sentido, así que si estoy segura de que no te has acostado con nadie-
-Ya basta, no quiero seguir hablando-
-Entonces te afecto-
-Claro que no-
-¿Entonces?-
-¿Entonces que?-
-Vamos ¿crees que no me doy cuenta? desde ese día que no puedes dormir bien y desde ese día que no lo has vuelto a molestar-
-No por que no quiera, solo no se me ocurre nada-
-Entonces ¿no te movió nada?-
-No, él jamás me movería nada ¿por que lo dices?-
-Pensé... que te estaba gustando-
-¿QUE? jajajajajajajaajajajaaja, por favor dile a tu imaginación que deje de volar y a tu boca que deje de decir estupideces-
-Te conozco, estoy casi segura que te gusta o por lo menos que algo te pasa con él-
-Cristina, deja ya el tema ¿si? no quiero comenzar el día peleada contigo-
-Ok, no diré nada más, pero estoy segura de lo que hablo, ya lo veras-
-Si, claro- Le dije y me fui a meter a la ducha.

Necesitaba sentir el agua en mi cuerpo para tratar de olvidar todo lo demás, además de que Cristina no ayudaba mucho si de olvidar se trataba, es obvio que a mi no me gustaba de hecho lo estaba comenzando a odiar, no entendía como podía pensar esas cosas o que la hacía creerla. Mientras me duchaba sentí como la puerta se abrió, me vestí y sali del baño, vi a las demás chicas sentadas contandole algo a Cristina, cuando entre se quedaron calladas.

-¿Que pasa?-
-¿Por que lo dices?-
-Se quedaron calladas-
-A bueno, si, estábamos hablando una cosa-
-¿Que cosa?-
-A ver, como te lo digo para que no te lo tomes a mal-
-Solo dilo-
-Las chicas vieron a Franco con tu hermana, conversando y el le acaricio el rostro-
-¡¡¿QUE?!!-

Capitulo 4 - "Su punto débil"

Franco

Esta chica me sacaba de mis casillas, jamás lograba hacerle algo con lo cual ella se desequilibrara y es lo que yo quería, sacarla de ese mundo donde es a ella a quien todos temen, a quien todos obedecen y a quien todos quieren, por que ¡Dios! jamás había visto a tantos hombres interesados en una sola mujer y bueno muchos también se jactaban de haberse acostado con ella, algo que yo ya comenzaba a dudar, pues si esta chica era tan puta para sus cosas ¿por que aun la seguían respetando? y aun más, en clases de educación física todos la miraban embobados a pesar de que estaba completamente tapada. 
Este día había venido con una calzas negras ajustadas, una polera de pantis oscuras con las mangas en algunas partes rotas, encima un peto ajustado de color rojo, realmente estaba tapada completa, digo en comparación a las demás chicas, todas usaban el uniforme común, short cortos azules y un peto blanco. A pesar de esto los chicos la miraban más a ella que a las demás.

-Lo que no entiendo es ¿por que no le dicen nada por su uniforme?- dije
-¿Aun no te das cuenta que ni las monjas se atreven a contradecirla?- Me dijo Miguel, que era con quien más pasaba el tiempo.
-Pero ¿porque?-
-Bueno, nadie lo sabe, cuando llegó era como todas las demás, aunque jamás utilizó el uniforme normal, por lo menos no lo recuerdo, la castigaron muchas veces, de hecho todos los días y a cada momento, eso fue una de las cosas que más impacto de ella, por más que la golpearan jamás salia llorando, era la única que no salia adolorida o quejándose, muchas veces hasta nosotros reclamábamos más que ella-
-Bueno quizás como controla a las monjas jamás la golpearon-
-No, estoy seguro que la golpeaban-
-¿Como puedes estar tan seguro?-
-Bueno algunos chicos espiaban y siempre escuchaban como sonaban los golpes, pero yo lo vi-
-¿Como lo viste?-
-Un día me castigaron, así que tuve que bajar a la oficina, abrí sin tocar y la estaban golpeando-
-¿Y?-
-¿Y que?-
-¿Lloraba?-
-No, de hecho estaba como si nada, fue extraño, además de incomodo-
-Ya veo- Me quede en silencio durante unos segundos, no podía comprender nada sobre ella y cada vez me daba más curiosidad, lo cual no era nada bueno, no quería involucrarme más de la cuenta con ella, no quería que me importara nada de ella -Bueno, de todas formas necesito encontrar algo con lo cual mantenerla a raya-
-¿Algo como que?-
-No lo sé, si lo supiera no lo andaría buscando, solo se que debe ser algo sagrado para ella-
-Eso es fácil, todos en el instituto saben que es lo más sagrado para ella-
-¡Lo saben! ¿y por que nadie ha intentado meterse con eso?-
-Bueno, hubo un chico que lo intento-
-¿Quien? ¿Lo conozco?-
-No, ya no esta aquí... se lo llevaron a un loquero-
-¿Porque?-
-Bueno después de meterse con algo que para ella es sagrado, debes esperar consecuencias y bueno... él tuvo lo suyo-
-¿Ella le hizo eso?-
-Nadie supo lo que sucedió realmente, solo se corre el rumor, pero todos sabemos que ella fue quien se encargó de él, eso es obvio-
-¿Que es aquello tan sagrado?-
-¿No estarás pensando meterte ahí?-
-Tu solo limítate a contestar- Le dije sonriendo
-Su hermana-

Martina tenía una hermana, una que ni se parecía a ella, eran tan distintas. Se llamaba Javiera, tenía 15 años y también estaba en el internado. Cuando la vi, me pregunte como no la había visto antes, era totalmente distinto a todo lo que había en este podrido lugar, ella irradiaba luz, parecía un ángel. La vi sentada en una banca bajo un árbol, estaba leyendo un libro, su cabello largo rubio caía por sus hombros y comenzaban a formar unos risos juguetones que terminaban en su cadera, sus ojos eran claros, de color verde y su sonrisa era simplemente hermosa, todo en ella te hacía querer estar a su lado, sin embargo nadie se acercaba a ella, solo un par de amigas que la acompañaban pero nada más que eso. Los chicos pasaban por su lado como si no existiese, nadie se atrevía a mirarla.

Había encontrado el punto débil de Martina, esto sería sencillo, lo único que debía hacer era encontrar la forma de acercarme y bueno vengarme, que era lo que yo quería. 

lunes, 26 de marzo de 2012

Capitulo 3 - "Amenazas"


 Los días fueron pasando, Luisa no tardo en venir a pagar por el beneficio de nuestra protección, claro que cuando llego traía un peinado nuevo, muy corto para que haya sido su elección. Franco resulto ser mi compañero de clases, de hecho resulto ser mi compañero de asiento algo que me tenia furiosa. Normalmente me sentaba sola, ya que la madre superiora decido sacarme del curso donde estaban las demás chicas, en este curso nadie se atrevía a hablarme y yo tampoco quería que se me acercaran. Cuando llegó a la sala estábamos en clases de matemáticas, el profesor Alejandro lo mando a sentarse a mi lado, a pesar de todos los reclamos que expuse para que no lo hiciera, realmente todo eso fue una absoluta estupidez, pues no sirvió de nada. Con él las cosas cada vez se hacían más complicadas, ya que por más que intentamos hacerle daño nunca lo lográbamos, los tipos que mandamos a que le dieran un escarmiento terminaron mucho peor de lo que él debería haber quedado y luego resulto que ya nadie se atrevía a acercarcele por lo que mandar a otros ya era una alternativa tachada, ahora debíamos hacer algo nosotras, así no habría error, el problema era que aun no se nos ocurría nada.

Los días fueron pasando y a medida que pasaban las cosas estaban peor, él comenzó a tener popularidad por lo que varios chicos lo comenzaron a seguir. Mientras a mi se me ocurría algo que hacer para causarle daño, hacia pequeñas cosas que le llevaba a tener problemas con las hermanas por lo que en más de una oportunidad recibió azotainas por mi culpa. Él se había convertido en mi enemigo personal y yo era lo mismo para él.

Durante las clases de la hermana Ángeles debíamos trabajar en equipos, estábamos creando una publicidad para un equipo electrónico, yo no tenía interés en hacerlo, pero él lo hacia con ahinco, mientras yo me limaba las uñas comenzó a hablarme

-¿Tienes algo personal conmigo?-
-¿Me hablas a mi?-
-Si-
-Tu te metiste con nosotras-
-¿Cuando no acepte pagar por tus "servicios"?- Lo dijo con una sonrisa irónica en su rostro, era lógico que los rumores ya habían llegado a él.
-No me interesa hablar contigo-
-Pues yo quiero que me des algunas explicaciones, por lo que me escucharas quieras o no-
-Te dije que no me interesa hablar contigo-
-¿Bueno y que vas a hacer para que deje de hablarte?- Lo mire fijo por un segundo y luego me levante de la silla y le di una cachetada-
-¡Deja de manosearme! imbécil- Todos en la sala se quedaron callados, la hermana Ángeles corrió hasta donde estaba.
-¿Que es lo que pasa?-
-Nada, solo que no para de tocarme las piernas y me siento muy incomoda, no quiero estar junto a él, me da miedo- Dije tratando de forzar el llanto
-Yo no he hecho nada- fue lo único que dijo
-Con eso me amenazo, me dijo que si decía algo nadie me creería- Comencé a llorar, la hermana lo envió con la hermana superiora y con él una nota del porque lo enviaba, al cerrar la puerta me miro con cara de asesino y yo le guiñe el ojo con una sonrisa a lo largo de mi rostro.

Al salir de clases las chicas me esperaban en la puerta, nos íbamos a sentar a una de las bancas que daban a los jardines traseros, allí solo pasaba quienes quisieran hablar con nosotras, por lo que no era muy concurrido. Estuvimos allí durante unas horas, hablábamos de nuestro día, las muchachas se rieron de lo lindo con lo que había pasado en mi clase y me pedían más detalles. Las horas pasaron y comenzó a hacerse tarde por lo que  me levante para ir a mi habitación ya que debía arreglarme para las transacciones que realizaríamos más tarde, cuando doblábamos la esquina apareció Franco junto con otros chicos, estos se encargaron de mantener a las demás lejos de mi, mientras él me acorralo entre él y la pared.

-Para de meterme en problemas-
-Claro, solo por que me lo pides- Le dije
-No t lo estoy pidiendo, te lo estoy ordenando-
-Jajajajaja ¿si?¿y desde cuando yo sigo tus ordenes?-
-Desde ahora muñequita-
-Ve a decirle así a otra que te lo aguante- le dije mientras lo empujaba para salir de entre él y la pared.
-Te lo estoy advirtiendo, deja de buscarme por que me vas a encontrar- Me tomo las manos con una sola de las suyas y las sujeto sobre mi cabeza, con la otra comenzó a recorrer mi cuerpo- No vuelvas a decir cosas que no he hecho, por que créeme, todo lo voy a hacer realidad- luego intento besar mi cuello pero me percate antes y le propine un golpe en sus partes con mi rodilla por lo que me soltó.
-Lindo, esto tiene otro precio y otro horario de negociar, pero no te ilusiones, tu jamás podrás pagar lo que vale, créelo- 

Lo deje ahí y yo me fui, las chicas me siguieron, pero nadie dijo nada de lo sucedido.

domingo, 25 de marzo de 2012

Capitulo 2 -"Una bienvenida fuera de lo normal"

Su cara era inexpresiva, eso me descoloco un tanto, en este tiempo había visto distintas expresiones en los rostros de los chicos que llegaban por primera vez, frustración, miedo, tristeza, enojo pero en él no había nada. Las chicas comenzaron a levantarse del piso, algunas se dispersaron un poco, yo seguí sentada, en ese instante entro al internado Cristina, al vernos comprendió rápidamente y se dirigió a nosotras.

-Hola, así que ¿chicos nuevos?-
-Ajá y ya se acercan- le contesto Gabriela- Yo seguía pendiente de aquel chico algo en él hacia despertar curiosidad en mi.
-¿Martina?- me llamó Cristina.
-¿Si?-
-¿Estas bien? te vez algo distraída- Todas se quedaron mirándome.
-Estoy bien chicas, no se preocupen, vamos a hacerlo como de costumbre- 

Yo seguí sentada, las demás caminaban a mi alrededor o bien se apoyaban en el muro. La madre Ester llegó con los chicos justo a nuestro lado, se despidió y luego se dio la vuelta para dirigirse a su oficina, nos vio con cara de preocupación y dirigiéndose a mi dijo: "sera mejor que no causen problemas chicas" y luego entro en su oficina, con Natacha nos miramos un tanto y luego nos sonreímos. Con ella compartía el odio por el mundo, por lo que ambas teníamos las ideas más malvadas para atemorizar a las niñas nuevas, cosa de lo que se encargaba y además tenía contactos para atemorizar a los chicos por lo que lograr finalmente que todos los nuevos pagaran su cuota para permanecer tranquilos era pan comido para nosotras.

-Bienvenidos- dijo Cristina -por lo que veo ya conocen las instalaciones de este lugar ¿verdad?- Espero a que le respondieran y continuo -Pero les falta conocer lo más importante, a los demás y créanme no serán tan amistosos como lo estamos siendo nosotras-
-Esto es sencillo, les ofrecemos protección, la necesaria mientras no se metan en problemas- dijo Gabriela.
-A cambio ustedes nos dan una pequeña suma monetaria o bien algo que deseen empeñar mientras consiguen el dinero, solo unos $10.000- Anaïs era quien se encargaba del dinero.
-Pero chicas, no pongan esa cara, no las estamos amenazando, todo lo contrario, les estamos ofreciendo un servicio efectivo de protección, claro ahora si no lo desean son libres de rechazarlo, pero sépanlo, tarde o temprano volverán aquí para aceptarlo, solo que tal vez ya no estemos ofreciendo el servicio- Finalizo Cristina. 

Amelia, Silvia e Iván se miraron por un tiempo y luego pagaron sin problemas, en cambio Luisa comenzó a reír estruendosamente

-¿O sea que si no les pagó me ira mal? bien jjajajaja eso es algo gracioso ya que pensaba que después de esto no había nada peor jajajaja, no pienso pagar ni una mierda, me largo- Dijo, y se fue, Cristina me sonrió por lo bajo seguramente ya tenía algo bueno planeado para ella.
-¿Vas a pagar o no?- Anaïs estaba preguntándole a Franco, el la miro con desprecio y luego la esquivo para ponerse frente a mi.
-¿Y tu no vas a decir nada? ¿Solo dejaras que tus secuaces hagan el trabajo mientras sentada en una esquina observas como se desarrolla todo?- 
-¿Quien diablos te crees...- Cristina intento golpearlo, pero antes de que terminara de hablar él la tomo fuertemente por el brazo, eso despertó una ira en mi por lo que deje de reír y me levante, los tres muchachos que aun nos observaban retrocedieron unos pasos asustados, las chicas se acercaron a mi.
-Suéltala- Le dije, sin alzar la voz pero con odio profundo. Me observó por un segundo y la soltó -No te metas con nosotras, solo te estamos ofreciendo algo, si no lo quieres solo lárgate y ve como te las arreglas, imbécil-
-Si estoy aquí es precisamente por que se defenderme solo, no necesito protección, menos de un grupo de niñas- Se dio media vuelta y se largo.
-Maldito hijo de...-
-Cristina, tranquilízate- le dije mirando a los niños que aun estaban allí
-¿Que están esperando? Lárguense- les amenazo Anaïs, los niños se fueron corriendo, solo quedamos nosotras y unos pocos en los pasillos que comentaban lo que había pasado.
-Natacha, encárgate de ambos, pero por sobretodo de él, quiero que pague caro lo que hizo de lo contrario los demás querrán hacer lo mismo y que les quede claro, de él no quiero nada, por lo que protección para él jamás, de hecho quiero que pongan a todos en contra de él ¿les quedo claro?-

Todas se fueron, salvo Cristina. Caminamos hasta el cuarto, me estire en la cama, vi como se acariciaba el brazo donde él la había tomado 
-¿Estas bien?- le dije 
-No es nada-
-No intentes nuevamente golpear a alguien- 
-Pero él...-
-¿...él que?, él no importa, no quiero que te arriesgues a salir lastimada, por lo menos no por mi-
-Esta bien, pero tampoco te ensañes con él, solo por que me tomo del brazo-
-Eso no te incumbe, yo veré como me las arreglo con él- Me miro un segundo y luego se estiro en su cama. Ese tipo no debió haberse metiendo con nosotras, yo no descansaría hasta tener su cabeza en una charola de plata. Si, tal vez Cristina creía que el odio no me haría bien, pero con tipos así quien podía controlarse. 

Capitulo 1 - "Nuevos internos"

El día había sido algo lento. Los días sábados correspondían a salidas familiares, por lo que la mayoría se había ido del internado, yo me quedaba encerrada, no por que quisiera, si no por que desde que mi padre nos dejo acá, no lo volví a ver. A veces me preguntaba si estaba bien o si necesitaría algo, luego pensaba en los últimos años juntos y todo el odio volvía a mi. Cristina solía decirme que odiar solo me hacía daño a mi misma, tal vez tenía razón pero era algo que ya no podía controlar, el odio, en mi caso, ya no era solo un sentimiento, más bien era un estado constante en mi vida. Y el odio seguía aumentando cada día sábado, cada vez que veía a unos padres venir en busca de sus hijos, a dos hermanos abrazándose, a dos personas amándose.

Mientras me encontraba distraída en mis pensamientos una de las chicas irrumpió en mi cuarto.

-¿Que demonios te pasa? toca la puerta la próxima vez ¿quieres?-
-Lo siento, lo siento-
-¿Que quieres?-
-Nada-
-¿Entonces para que viniste?-
-... lo que pasa... este... ¿No esta Cristina?- Normalmente era a ella a quien se dirigían cuando querían pedirme algo.
-No, acaso crees que te estaría escuchando si ella estuviera-
-Oh, claro, lo siento-
-Dime a que viniste-
-¿Ah?... ¡ah! si, llegaron nuevos-
-¿Nuevos que?-
-Internos-
-Bien ¿Cuantos son?- Normalmente se me avisaba sobre los nuevos internos, pues debían conocer las reglas del lugar, o sea debían pagar un precio para ser protegidos mientras se amoldaban al lugar. Era claro que cuando nuevos llegaban, varios eran los que querían hacerlos pedazos, solo para conseguir respeto y nada más, yo por el contrario les ofrecía protección, partían por rechazarla, pero luego siempre volvían implorandola.
-Son cinco, tres chicas y dos hombres-
-Bien iré a echar un vistazo- me levante de la cama y me mire un poco al espejo, note que la muchacha aun estaba ahí- ¿Que demonios haces aun aquí? Lárgate o quieres un premio-
-¡Oh! no, lo siento, perdón- y salio de la pieza.

Los pasillos estaban vacíos, uno que otro pelagato andaba por ahí, al doblar la esquina una de las chicas que normalmente andan conmigo estaba con un chico, al verme lo empujo y me siguió.

-¿A donde vamos?-
-Llegaron internos nuevos-
-Bien ¿quieres que llame a las demás?-
-Ubicalas, cuando termines ve a encontrarte conmigo a la entrada de la oficina, la Madre Ester siempre termina los recorridos donde los comenzó-
-Ok ¿Cristina no esta?-
-No salió con su madre-
-Bien, buscare a las demás- Yo continué caminando mientras ella se devolvía tomando un atajo por otro pasillo.

De las chicas que me acompañaban día a día, la única que salia los días sábados era Cristina, ella tenía buena relación con su madre, el problema era su padrastro que no la soportaba en casa y bueno según ella se sentía mejor estando en el internado que allá. Yo solo le creía la mitad, pero era su problema, no me metería en eso. Al llegar a la oficina las muchachas ya estaban ahí sentadas esperando, al verme se pararon para darme el asiento y luego se ubicaron a mi alrededor.

-¿Alguna sabe algo de ellos?- Gabriela era quien normalmente sabia la información de todo lo que me podría interesar, por lo que la pregunta iba dirigida principalmente a ella.
-Son 5, Amelia, 15 años, la mandaron por una orden de juzgado, la apresaron robando en una tienda de ropa. Silvia, 14 años, fue traída por sus padres, católicos fervientes que luego de escuchar de labios de su hija que Dios no existe creyeron que lo mejor seria traerla acá. Luisa, 16 años, fue traída por su madre la cual no tiene pareja, se vio desesperada luego de que la expulsaron de 5 establecimientos, esta aquí por que no tenía otra opción. Iván, 15 años, lo mandaron del juzgado luego de atraparlo asaltando una farmacia. Franco 17 años, no hay antecedentes de él.
-¿Por que no hay antecedentes de él?-
-No lo sé, busque en los informes, pregunte a mis mejores fuentes durante la semana, nadie sabe nada de él, se cree que es de otra ciudad, en la zona no tiene familia, llegó solo-
-Interesante, bien hecho Gabriela-

Nos quedamos calladas durante un tiempo, entonces se vislumbraron a lo lejos la madre Ester seguida por los nuevos, los vi uno por uno, cada uno más ingenuo que el otro, sus caras demostraban temor, hasta que lo vi a él. 

sábado, 24 de marzo de 2012

Prologo

A veces era difícil ser una chica normal, desde la muerte de mamá las cosas cambiaron, ya no tenía derecho a ser la niña infantil y mimada de ella, ahora debía tomar su papel, debía encargarme de mi hermana pequeña, a pesar de que tan solo teníamos dos años de diferencia. Sin embargo las cosas siguieron cambiando, mi padre volvió a casarse con una mujer sombría. Ambos nos maltrataban física y psicológicamente, cualquier acto que realizáramos y no fuera del gusto de ellos era una excusa para una paliza. Después de 2 años de maltratos constantes nuestros cuerpo ya reflejaban los daños causados. Una tarde los escuche hablando, ella se quejaba de nosotras, como de costumbre y le decía a mi padre que lo mejor era que nos metieran a un internado antes de que nos volviéramos unas delincuentes, me dolió escuchar la respuesta positiva de mi padre, pero más me dolió ver a mi hermana suplicándole perdón y la oportunidad de quedarse.

Desde esos días nuestras vidas cambiaron rotundamente, ya llevábamos 1 año en el internado Santa Sofía de Fermo, un internado mixto para jóvenes delincuentes, la única forma de ser respetada era siendo parte de ellos o bien siendo buena de alma, lo cual en mi era imposible. En mi corazón solo existía un odio profundo, un odio sobretodo por los hombres. Me convertí en la peor alumna de este internado, tanto que las monjas ya encontraban absurdo darme azotainas, podía hacer lo que quisiera, cuando quisiera  y donde quisiera. Durante el día  era seguida por unas 5 chicas que se encontraban igual de perdida que yo, realmente solo me seguían para sentirse seguras de que nadie les haría daño, solo una de ellas era realmente mi amiga, Cristina sabía todo sobre mi y yo sobre ella.

Por las noches me dedicaba a conseguir mercadería para distribuir cosas que en un internado no sueles poseer, cigarros, alcohol, chocolates y otro tipo de tonterías. Era sencillo conseguir aquellas cosas, los hombres hacen cualquier cosa por algo de sexo, o bien por tener el honor de gritar que ya lo han hecho sin que nadie se los niegue. La transacción era sencilla, yo esperaba en una de las salas de la planta Oeste, donde las monjas no pasaban por la noche, Cristina se quedaba en la puerta y veía a quien dejaba entrar, cuando estaba a solas con el sujeto él mostraba la mercadería, yo lo increpaba diciendo que era muy poco para merecer los placeres que yo podía otorgar, el me amenaza con decirle a todos que no cumplí con la parte del trato y luego yo le hacia la observación de como quedaría él ante los demás, de que había sido el "único" en no acostarse conmigo y por supuesto si a mi me preguntaban el problema jamás habría sido la mercadería si no que él no había sido capaz de complacerme y decía esas cosas por puro despecho, finalmente se largaban y jamás decían nada. Mi reputación entre los hombres era clara, los mejores habían tenido sexo conmigo y eso era un logro para ellos, yo jamás dije que era mentira, no me convenía. Yo tenía el poder en aquel internado, tenía todo lo que quería pero aun así no era feliz. 

Mi hermana jamás volvió a hablarme, pero estaba bien, ella podía ser feliz, todos sabían que era mi hermana por ende nadie se metía con ella o sus amigas, ella podía ser libre, a veces pasábamos una al lado de la otra sin siquiera mirarnos. Los hombres la adoraban, pero sabían que no tenían el derecho de acercarse a ella.

Yo era respetada y temida por todos... hasta que llego él.