viernes, 30 de marzo de 2012

Capitulo 8 - "Enigma"

Franco

La tenía sujeta contra mi cuerpo, ella trataba de librarse pero yo no la dejaría tan fácilmente. Tenía su rostro cerca del mio y veía en sus ojos la rabia y la impotencia que sentía, nunca me había fijado realmente en lo bella que era. Sus ojos eran verdes, del mismo color que los de su hermana, su cabello negro caía por sus pómulos llegando hasta su cintura y sus labios eran gruesos y delineados pintados de rojo lo que los hacían más apetitosos, sin darme cuenta sentí el deseo de besarla y me desconcentre, ella logro soltarse de mi y en un acto reflejo tome la manga de su chaleco, al tirar de él se le salio. Debajo de este llevaba solo un peto negro de tiritas, ella se quedo parada como una piedra, luego trato de cubrirse, al principio no comprendí por que su mirada era de pánico hasta que me fije bien en sus brazos, ambos estaban cubiertos por cicatrices, algunas eran más profundas que otras, se notaba que eran de hace mucho tiempo, no sabría decir si eran de antes de llegar al internado, aunque yo diría que sí, jamás había sabido que las monjas golpearan tan duro como para dejarte esas secuelas. 

Me encontré sin saber que hacer, ella al notar que la había visto se ruborizo y me dio la espalda, al hacerlo pude ver que las marcas se extendían hasta que el peto los cubría. Vi su chaleco en mis manos y sentí la necesidad de entregárselo, no se si me dio lastima o me sentía culpable. Un suave sonido comenzó a extenderse por la habitación, al principio no supe que era, hasta que note de donde provenía. Ella estaba llorando. Había esperado por esto durante la corta estancia en este lugar, había deseado verla así, indefensa y sin fuerzas de contraatacar, sin embargo lo que sentía ni siquiera se asomaba a la felicidad que suponía me invadiría el día en el que la viera así, al contrario. De pronto sentí la necesidad de calmarla y consolarla, no supe como ni en que momento comencé a caminar hasta ella y le coloque el chaleco sobre su espalda, ella levanto su vista para mirarme asombrada, su rostro estaba manchado con surcos de las lagrimas que descendían por el, con mi mano le limpie los que pude y luego la abrace. "Tranquila, shhh, no es nada" le dije acariciándola despacio en su cabeza, en cuanto la toque ella comenzó a sollozar más fuerte y entonces me abrazo, al principio quede un tanto perturbado, quise mirar su rostro pero ella lo había ocultado en mi pecho mientras seguía llorando, de apoco comenzó a perder las fuerzas así que opte por sentarnos en el suelo, apoyando mi espalda en una muralla y dejándola a ella apoyarse en mi. 

Después de unas horas su llanto venció para dejarla durmiendo sobre mi regazo. ¡Dios! ¿como había cambiado todo tanto? siempre la vi como una cabra chica inmadura y con problemas claros de personalidad, pero ahora me daba cuenta que si ella era de esa forma es por que algo debía de haberle sucedido, jamás pensé que la tendría así entre mis brazos, acunándola y menos consolándola, la miraba y sentía que debía protegerla, pero era claro que no era de aquellas mujeres que se dejaban proteger, seguramente ella sentía que debía proteger a todo el mundo. Me intrigaba pensar en las marcas que había visto en sus brazos, me preguntaba si recorrían todo su cuerpo, eso explicaría por que siempre andaba tan tapada, pero si era ese el motivo, no concordaba con su fama de haberse acostado con medio internado, de hecho ¿como era posible que nadie comentara lo de sus marcas, si es que habían tenido sexo con ella? era lógico que no era algo de lo que te puedes olvidar tan fácilmente. 

Las horas pasaban y yo no sabía bien lo que hacer, no podía dejarla aquí pero tampoco podíamos quedarnos, tarde o temprano nos descubrirían. La noche estaba helada y ella comenzaba a tiritar, por lo que me saque mi chaqueta y la tape con ella, mientras la miraba acariciaba, su cabello y sus brazos, esto había cambiado todo lo que pensaba de ella, sin dudas que realmente era un enigma. Mientras la acariciaba sentí un ruido proveniente de afuera, la tome fuerte he intente pararme para escondernos, pero no fui lo suficientemente rápido, la puerta se abrió y por ella entró Cristina.

-¡Dios! por suerte eres tu-
-¿Que diablos le hiciste?- me grito y corrió hasta mi.
-Nada, no le he hecho nada-
-¿Pero, esta inconsciente?- me miró con cara de pocos amigos.
-No, solo esta dormida, ya te explicara ella, ahora ayúdame a sacarla de aquí, yo la tomo en brazos y tu vigilas que nadie nos vea, la llevare a su pieza-
-Estas loco, si te ven ahí te castigaran-
-¿Y bueno, tienes otra mejor idea?-
-¿Te vas arriesgar a un castigo por la persona que te ha hecho pasara por varios?-
-Vas a ayudarme o no-
-Esta bien- Me dijo.

Tome a Martina en brazos ella se acomodo y siguió durmiendo, atravesamos los pasillos hasta su cuarto sin ningún problema, se notaba que Cristina ya estaba acostumbrada a hacer este trabajo, pues sabia precisamente por donde pasar, entramos a su pieza, me mostró cual era su cama, así la coloque encima, acto reflejo busque algo con que taparla, luego me quede un poco mirándola sin saber que hacer, le acaricie el cabello por ultima vez, tome mi chaqueta y luego me di vuelta para salir de la habitación, me encontré con Cristina que me miraba fijamente "¿que?" le dije, a lo que ella solo levanto los hombros y me sonrío. Luego me marche.


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