Franco
Esta chica me sacaba de mis casillas, jamás lograba hacerle algo con lo cual ella se desequilibrara y es lo que yo quería, sacarla de ese mundo donde es a ella a quien todos temen, a quien todos obedecen y a quien todos quieren, por que ¡Dios! jamás había visto a tantos hombres interesados en una sola mujer y bueno muchos también se jactaban de haberse acostado con ella, algo que yo ya comenzaba a dudar, pues si esta chica era tan puta para sus cosas ¿por que aun la seguían respetando? y aun más, en clases de educación física todos la miraban embobados a pesar de que estaba completamente tapada.
Este día había venido con una calzas negras ajustadas, una polera de pantis oscuras con las mangas en algunas partes rotas, encima un peto ajustado de color rojo, realmente estaba tapada completa, digo en comparación a las demás chicas, todas usaban el uniforme común, short cortos azules y un peto blanco. A pesar de esto los chicos la miraban más a ella que a las demás.
-Lo que no entiendo es ¿por que no le dicen nada por su uniforme?- dije
-¿Aun no te das cuenta que ni las monjas se atreven a contradecirla?- Me dijo Miguel, que era con quien más pasaba el tiempo.
-Pero ¿porque?-
-Bueno, nadie lo sabe, cuando llegó era como todas las demás, aunque jamás utilizó el uniforme normal, por lo menos no lo recuerdo, la castigaron muchas veces, de hecho todos los días y a cada momento, eso fue una de las cosas que más impacto de ella, por más que la golpearan jamás salia llorando, era la única que no salia adolorida o quejándose, muchas veces hasta nosotros reclamábamos más que ella-
-Bueno quizás como controla a las monjas jamás la golpearon-
-No, estoy seguro que la golpeaban-
-¿Como puedes estar tan seguro?-
-Bueno algunos chicos espiaban y siempre escuchaban como sonaban los golpes, pero yo lo vi-
-¿Como lo viste?-
-Un día me castigaron, así que tuve que bajar a la oficina, abrí sin tocar y la estaban golpeando-
-¿Y?-
-¿Y que?-
-¿Lloraba?-
-No, de hecho estaba como si nada, fue extraño, además de incomodo-
-Ya veo- Me quede en silencio durante unos segundos, no podía comprender nada sobre ella y cada vez me daba más curiosidad, lo cual no era nada bueno, no quería involucrarme más de la cuenta con ella, no quería que me importara nada de ella -Bueno, de todas formas necesito encontrar algo con lo cual mantenerla a raya-
-¿Algo como que?-
-No lo sé, si lo supiera no lo andaría buscando, solo se que debe ser algo sagrado para ella-
-Eso es fácil, todos en el instituto saben que es lo más sagrado para ella-
-¡Lo saben! ¿y por que nadie ha intentado meterse con eso?-
-Bueno, hubo un chico que lo intento-
-¿Quien? ¿Lo conozco?-
-No, ya no esta aquí... se lo llevaron a un loquero-
-¿Porque?-
-Bueno después de meterse con algo que para ella es sagrado, debes esperar consecuencias y bueno... él tuvo lo suyo-
-¿Ella le hizo eso?-
-Nadie supo lo que sucedió realmente, solo se corre el rumor, pero todos sabemos que ella fue quien se encargó de él, eso es obvio-
-¿Que es aquello tan sagrado?-
-¿No estarás pensando meterte ahí?-
-Tu solo limítate a contestar- Le dije sonriendo
-Su hermana-
Martina tenía una hermana, una que ni se parecía a ella, eran tan distintas. Se llamaba Javiera, tenía 15 años y también estaba en el internado. Cuando la vi, me pregunte como no la había visto antes, era totalmente distinto a todo lo que había en este podrido lugar, ella irradiaba luz, parecía un ángel. La vi sentada en una banca bajo un árbol, estaba leyendo un libro, su cabello largo rubio caía por sus hombros y comenzaban a formar unos risos juguetones que terminaban en su cadera, sus ojos eran claros, de color verde y su sonrisa era simplemente hermosa, todo en ella te hacía querer estar a su lado, sin embargo nadie se acercaba a ella, solo un par de amigas que la acompañaban pero nada más que eso. Los chicos pasaban por su lado como si no existiese, nadie se atrevía a mirarla.
Había encontrado el punto débil de Martina, esto sería sencillo, lo único que debía hacer era encontrar la forma de acercarme y bueno vengarme, que era lo que yo quería.

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